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"Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón..."
(Lucas 2, 35)
Quién ama sufre con el amado. Nadie ama a Jesús mas que Su
Madre Santísima y por eso nadie sufre mas por amor a El.
Primer
Dolor - La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)
Qué
grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las
tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga
Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí
un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
Segundo
Dolor - La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José
tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su
querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta
angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan
largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra
del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en
la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más
difíciles de mi vida.
Tercer
Dolor - El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)
Qué
angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había
perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga,
regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron
a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida,
cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a
encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la
Reconciliación.
Cuarto
Dolor - María se encuentra con Jesús camino al Calvario (IV
Estación del Vía Crucis)
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan
triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con
su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte.
Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se
encontraron - el dolor de la Madre bendita que intentaba dar
apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en
Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que
sufren.
Quinto
Dolor - Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario - uno, el cuerpo de
Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de
la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente
clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su
Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos.
Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: "Madre, he ahí
a tu hijo." Y a nosotros nos dijo en Juan: "Hijo, he ahí
a tu Madre." María, yo te acepto como mi Madre y quiero
recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
Sexto
Dolor - María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la
Cruz (Marcos
15, 42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando
el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado
en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se
estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles
a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.
Séptimo
Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)
¡Oh
Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan
nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa
de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las
gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo,
oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar
siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que
merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
Los
Siete sufrimientos de la Virgen se recogen del rosario de
los Siete Dolores que se rezan con 1 Padre Nuestro, 7 Ave María,
1 Gloria por cada dolor.
Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a
Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María
se desarrolló por diversas revelaciones privadas.
La
Virgen comunicó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373):
"Miro a
todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se
compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que
piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija
mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por
muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera
mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos
los amigos de Dios."
Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas
almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave
Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. "Yo
concederé la paz a sus familias."
2. "Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios."
3. "Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus
trabajos.»
4. "Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la
adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus
almas."
5. "Los defenderé en sus batallas espirituales contra el
enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas."
6. "Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y
verán el rostro de su Madre.
7. "He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que
propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas
directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que
todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo
y gozo eterno."
Según
San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor
reveló a
Santa Isabel de Hungría que El concedería
cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su
Madre Santísima:
1.
Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre
en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de
todos sus pecados.
2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que
recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la
hora de su muerte.
3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán
su recompensa en el cielo. 4. Encomendará a estas almas
devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las
gracias que quiera derramar en ellas.
Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una
manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de
María en la tierra.
Es aprender a que nuestros dolores si bien son
difíciles y pesados, no son tan terribles, pues hay alguien en
esta vida, que ha sabido sobrellevar dolores mucho más intensos,
sin merecerlos, y con un fidelísimo amor a Dios. Sin
renegar nunca de su realidad, sin reclamar a Dios con
innumerables "Porques" que en nosotros son tan comunes.
Roguemos a María Santísima que nos conceda la
gracia de vivir cada dolor nuestro, de la misma manera que
lo hizo Ella. Sobre todo a no despreciarlos reclamando sin cesar
por nuestra suerte, a no utocompadecernos, y a ofrecerlos con
todo nuestro amor, a Ella, para que Ella los ofrezca purificados
en las manos de su querido hijo, Jesús.
La
fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de
septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz.
Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón
de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco
antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su
amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: "Sí,
Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes
Tu Corazón para amar a María como Tú la

 

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