En que Consiste la
Preparación para la Consagración al Inmaculado Corazón de María

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El acto de
Consagración, es un momento en la vida de cada ser humano, en el
que voluntariamente, ofrece todo su ser y sus
circunstancias, a la Madre de Dios y Madre Nuestra, la Stma.
Virgen María, para que a través de Ella lleguemos a Jesús
nuestro Salvador.
Consagrar, significa hacer sagrado algo.
Al ofrecer nuestra vida a la Stma. Virgen y
colocarla en su Inmaculado Corazón, hacemos una promesa de pertenencia de por vida, y esta promesa se hace sagrada y
perpetua.
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¿Por qué la Virgen
nos pide esto?
El mundo y sus habitantes recorremos en
estos días, caminos amargos de dolor y desolación. Nos hemos
apartado de Dios, encerrándonos en nuestro egoísmo y soberbia.
Nos hemos olvidado del mandato más importante que nos dejó
Jesús:
" Amaos los unos a los otros, como Yo los he amado."
Así, apartados de La Divina Voluntad, sufrimos hoy los
dolores desgarradores de esta soledad, provocada por nuestros
errores...
Pero nosotros, por gracia de un Dios amoroso, contamos en el
Cielo con una Madre que sufre y clama por nosotros a cada
instante. Que piensa en cada uno como si fuera el único. Que se
alegra con nuestras buenas obras, y se preocupa y entristece con
los pecados que cometemos.
Dios le ha concedido a la Virgen Santísima, en estos últimos tiempos, que sea nuestra
Arca de Salvación. Que de su mano,
protegidos con su manto, y mediante el acto de consagración a su
Inmaculado Corazón, retomemos ese camino del cual nunca nos
deberíamos haber apartado, el que nos lleva a Jesús y nuestra
vida eterna en el Cielo.
Por lo tanto, La Virgen Amabilísima, nos busca, nos llama,
nos insta a la conversión del corazón.
Pero no solo se queda en este pedido. Nos dice que, si
nosotros decidimos consagrarnos a Ella, este trabajo de
conversión, será más rápido, más fácil, más seguro y más corto,
que si lo deseáramos hacer lejos de su afable protección.
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Que
entregamos en Nuestra Consagración
Sobre todo
entregamos nuestra vida y todo lo que ella incluye:
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Nuestro amor a Dios, mucho o poco, Ella se
encargará de incrementarlo y perfeccionarlo...
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Nuestro pasado, nuestro presente y nuestro
futuro.
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Nuestros sentimientos, dolores físicos y
espirituales, rencores, amarguras, alegrías, tristezas.
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Nuestros sacrificios, penitencias,
oraciones, actos devotos y píos.
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Nuestros seres queridos, cónyuge, hijos,
padres, hermanos, amigos...
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Nuestros trabajos, empresas, obras de bien.
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Nuestros empleados y personas a cargo que
podamos tener.
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Nuestra casa, auto, propiedades, bienes
materiales, artículos de lujo, confort...nuestro dinero.
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Nuestros pasatiempos, descansos,
vacaciones.
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Nuestros pecados pasados, nuestros vicios y
debilidades, nuestros egoísmos, soberbias y defectos.
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Nuestras virtudes, dones y
talentos. Nuestros conocimientos, estudios, carreras,
postgrados, doctorados.
Nada debemos excluir de esta lista. Ya que
Ella se ofrece a administrar santamente estos bienes nuestros,
como lo hizo aquí en la tierra en lo propio cuando vivía junto a
José y a Jesús, y como lo hace actualmente con miles de almas
consagradas, que ya han confiado en sus manos su vidas y sus
actos.
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¿Qué hará María, con nuestra
entrega?
Con nuestras vidas y todo lo que ellas incluyen
bajo su protección podremos vivir tranquilos, sabiendo que la
Bendita entre todas, la Bienaventurada ante los ojos de Dios, se
encarga a partir de nuestra consagración de organizar nuestras
vidas, de manera que lleguemos lo antes posible al destino de la
santidad y salvación de nuestras almas, y la salvación y santidad de
nuestros seres queridos.
Santificará esta ofrenda hecha por nosotros y la
hará llegar hasta el mismo Jesús en una bandeja de oro. Esto quiere
decir, que todo lo que entregamos Ella lo limpiará de vicios y
errores. Luego lo ofrecerá a su Hijo muy amado, como muestra de
nuestra voluntad de cambiar, de ser mejores, de aprender a amar a
Dios y a nuestros semejantes.
Jesús no detendrá mucho tiempo su mirada en esta
ofrenda, más bien perdido de amor en los ojos de Su Madre, le
concederá a la Omnipotencia Suplicante
lo que está solicitando en favor de la salvación de este hijo por el
cual intercede.
Ella volverá a nosotros con un corazón nuevo. Un
corazón lleno de amor, que reemplazará al corazón de piedra que
había en nuestros cuerpos hasta antes de nuestra consagración.
Ella es la mejor evangelizadora, la mejor
catequista, la mejor formadora. No se detendrá en este camino de
cambio espiritual.
Y aunque nosotros podamos olvidar la promesa
sagrada que hicimos de entregarnos todos a Ella, Ella nunca nos
abandonará ni olvidará lo que prometió en el momento de
nuestra consagración:
"...Los invito a consagrarse a mi Corazón
Inmaculado. Deseo que
ustedes se consagren personalmente, como familias y como
parroquias, de tal modo que todos ustedes le pertenezcan a Dios a
través de mis manos...
Yo no quiero nada para mí, sino todo por la salvación de sus
almas. Satanás es fuerte y, por tanto, queridos hijitos, ustedes,
por medio de la oración constante, apriétense fuertemente a mi
corazón maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado!"
Octubre 25 de 1988
- Virgen Reina de la Paz, Medjugorje.
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