MARÍA
PROFETIZADA EN EL ANTIGUO
TESTAMENTO
El Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Señora tanto en sus
profecías como en sus tipos o figuras.
Génesis 3:15
La primera profecía referente a María se encuentra en los
capítulos iniciales del Libro del Génesis (3:15): "Pondré
enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella
te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de su talón". Esta
versión parece diferir en dos aspectos del texto original
hebreo:
En primer lugar, el texto hebreo emplea el mismo verbo para las
dos versiones traducidas "ella te aplastará" y "tú estarás al
acecho"; la Septuaginta traduce el verbo en ambos casos por
terein, estar al acecho; Aquila, Símaco y los traductores sirios
y samaritanos traducen el verbo hebreo por expresiones que
significan aplastar, magullar; el Itala traduce el terein
utilizado en la Septuaginta con el término latino de "servare" ,
vigilar; S. Jerónimo (1) sostiene que el verbo hebreo tiene el
significado de "aplastar" o "magullar" más que el de "estar al
acecho", "vigilar". Sin embargo en su propio trabajo, que se
convirtió en la Vulgata latina, el santo emplea el término
"aplastar" (conterere) en primer lugar, y "estar al acecho" (insidiari)
en segundo. Por tanto el castigo infligido a la serpiente y la
venganza de ésta están expresadas con el mismo verbo: pero la
herida sufrida por la serpiente es mortal, ya que afecta a la
cabeza, mientras que la herida causada por ella no es mortal, ya
que es infligida en el talón.
El segundo punto de diferencia entre el texto hebreo y nuestra
versión se refiere al agente que va a infligir la herida mortal
a la serpiente: nuestra versión coincide con el texto actual de
la Vulgata en traducir "ella"(ipsa) que se refiere a la mujer,
mientras que el texto hebreo traduce hu´ (autos, ipse) que se
refiere a la descendencia de la mujer. Según nuestra versión y
la traducción de la Vulgata, será la mujer quien obtenga la
victoria; según el texto hebreo, ella vencerá a través de su
descendencia. Es en este sentido en el que la Bula "Ineffabilis"
atribuye la victoria a Nuestra Señora. La versión "ella" (ipsa)
no es ni una corrupción intencionada del texto original ni un
error accidental, sino que es una versión explicativa que
expresa explícitamente el hecho de la participación de Nuestra
Señora en la victoria sobre la serpiente, que está contenido de
manera implícita en el original hebreo. La fuerza de la
tradición cristiana referente a la participación de María en
esta victoria puede deducirse del hecho de que S. Jerónimo
mantuviera "ella" en su versión a pesar de su familiaridad con
el texto original y con la traducción "él" (ipse)en la antigua
versión latina.
Dado que es comúnmente admitido que el juicio divino se dirige
no tanto contra la serpiente como contra el causante del pecado,
la descendencia de la serpiente hace referencia a los seguidores
de la serpiente, la "progenie de víboras", la "generación de
víboras", aquellos cuyo padre es el Diablo, los hijos del mal,
imitando, non nascendo (Agustín) (2). Puede darse la tentación
de comprender la descendencia de la mujer en un sentido
colectivo análogo, abarcando a todos los nacidos de Dios. Pero
descendencia puede no sólo referirse a una persona en
particular, sino que generalmente tiene dicho significado, si el
contexto lo permite. S. Pablo (Gálatas 3:16) da esta explicación
de la palabra "descendencia" tal como aparece en las promesas de
los patriarcas: "A Abraham y a su descendencia fueron hechas las
promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino de
una sola: "Y a tu descendencia", que es Cristo". Finalmente la
expresión "la mujer" en la frase "Pondré enemistad entre ti y la
mujer" es una traducción literal del texto hebreo. La Gramática
Hebrea de Gesenius-Kautzsch (3) establece la norma: es un rasgo
peculiar del hebreo el uso del artículo para indicar una persona
o cosa todavía desconocida o que todavía está por describir con
claridad, ya se encuentre presente o tenga que considerarse bajo
las condiciones del contexto. Dado que nuestro artículo
indefinido cumple este propósito, se podría traducir: "Pondré
enemistad entre ti y una mujer". Por tanto la profecía promete
una mujer, Nuestra Señora, que será la enemiga de la serpiente
en un grado sobresaliente; además, la misma mujer saldrá
vencedora sobre el Demonio, al menos a través de su hijo. La
rotundidad de la victoria es subrayada por la frase contextual
"comerás tierra", que es según Winckler (4) una antigua y común
expresión oriental que denota la máxima humillación (5).
Isaías 7:1-17
La segunda profecía referente a María se encuentra en Isaías
7:1-17. Los críticos se han empeñado en representar este pasaje
como una combinación de sucesos y palabras del profeta escritos
por un autor desconocido (6). La credibilidad del contenido no
resulta necesariamente afectada por esta teoría, ya que las
tradiciones proféticas pueden quedar registradas por cualquier
escritor sin perder por ello su credibilidad. Pero incluso Duhm
considera la teoría como un intento aparente por parte de los
críticos de averiguar hasta dónde están dispuestos a aguantar
pacientemente los lectores; opina que es una verdadera desgracia
para la crítica en cuanto tal el que haya encontrado un mero
compendio en un pasaje que describe tan gráficamente la hora del
nacimiento de la fe.
Según II Reyes 16:1-4, y II Paralipómenos 27:1-8, Ajaz, que
comenzó su reinado en el 736 a. de J.C., profesaba abiertamente
la idolatría, de forma que Dios lo dejó a merced de los reyes de
Siria e Israel. Al parecer se había establecido una alianza
entre Pecaj, rey de Israel, y Rasín, rey de Damasco, con el
propósito de ofrecer resistencia a las agresiones asirias. Ajaz,
partidario de los asirios, no se unió a la coalición; los
aliados invadieron su territorio, con la intención de sustituir
a Ajaz por un gobernante más complaciente, un cierto hijo de
Tabeel. Mientras Rasín estaba ocupado en reconquistar la ciudad
costera de Elat, Pecaj procedió en solitario contra Judá, "pero
no pudieron prevalecer". Una vez Elat hubo caído, Rasín unió sus
fuerzas a las de Pecaj; "Siria y Efraím se habían confederado" y
"tembló su corazón (de Ajaz) y el corazón del pueblo, como
tiemblan los árboles del monte a impulsos del viento". Había que
hacer preparativos inmediatos para un asedio prolongado, y Ajaz
se encontraba intensamente ocupado en las proximidades de la
piscina superior, de la cual recibía la ciudad la mayor parte de
su suministro de agua. De ahí que Dios le diga a Isaías: "Sal
luego al encuentro de Ajaz ... al cabo del acueducto de la
piscina superior". El encargo del profeta es de naturaleza
extremadamente consoladora: "Mira bien no te inquietes, no temas
nada y ten firme corazón ante esos dos cabos de tizones
humeantes". El plan de los enemigos no tendrá éxito: "no
aguantará y esto no sucederá". ¿Cuál será el destino concreto de
los enemigos?
· Siria no ganará nada, permanecerá como había estado en el
pasado: " la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco
es Rasín."
· Efraím también permanecerá en el futuro inmediato como había
estado hasta ese momento: "la cabeza de Efraím es Samaria, y la
cabeza de Samaria el hijo de Romelia"; pero al cabo de sesenta y
cinco años será destruida, " dentro de sesenta y cinco años
Efraím habrá dejado de ser pueblo".
Ajaz había abandonado al Señor por Moloc, y había depositado su
confianza en una alianza con Asiria; de ahí la profecía
condicional referente a Judá "si no crees, no continuarás". La
prueba de fe sigue inmediatamente a continuación: " Pide al
Señor, tu Dios, una señal, o de abajo en lo profundo o de arriba
en lo alto". Ajaz responde con hipocresía: " no la pediré, no
tentaré al Señor", rechazando así declarar su fe en Dios y
prefiriendo la política asiria. El rey prefiere Asiria a Dios, y
Asiria vendrá sobre él: "Hará venir el Señor sobre ti y sobre tu
pueblo, y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron
desde que Efraím se separó de Judá con el rey de los asirios".
La casa de David había ofendido no sólo a los hombres, sino
también a Dios con su incredulidad; por ello, "no continuará",
y, por una ironía del castigo divino, será destruida por
aquellas mismas gentes a las que prefirió antes que a Dios.
Sin embargo, las promesas mesiánicas hechas a la casa de David
no pueden frustrarse: "El Señor mismo os dará una señal. He aquí
que una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y será llamado
Emmanuel. Y se alimentará de mantequilla y miel, hasta que sepa
desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa
desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual temes
de esos dos reyes será devastada". Dejando de lado una serie de
preguntas relacionadas con la explicación de la profecía,
debemos limitarnos aquí a la prueba evidente de que la virgen
mencionada por el profeta es María, la Madre de Cristo. La
argumentación se basa en las premisas de que la virgen
mencionada por el profeta es la madre de Emmanuel, y que
Emmanuel es Cristo. La relación de la virgen con Emmanuel está
claramente expresada en las palabras inspiradas; las mismas
indican, asimismo, la identidad de Emmanuel con Cristo.
La relación de Emmanuel con la señal divina extraordinaria que
iba a ser concedida a Ajaz nos predispone a ver en la criatura
alguien más que un niño corriente. En 8:8, el profeta le
atribuye la propiedad de la tierra de Judá: "Y tendiendo sus
brazos cubrirán toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!". En 9:6, se dice
que el gobierno de la casa de David descansa sobre sus hombros,
y se le describe como poseedor de cualidades superiores a las
humanas: "nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo, que
tiene sobre su hombro la soberanía, y que se llamará maravilloso
consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz".
Finalmente, el profeta llama a Emmanuel "vara del tronco de
Jesé", agraciado con "el espíritu del Señor, espíritu de
sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de entendimiento y de temor de Dios"; su venida irá
seguida de los signos generales de la era mesiánica, y los que
queden del pueblo escogido serán de nuevo el pueblo de Dios
(11:1-16).
Cualquier oscuridad o ambigüedad que pudiera haber en el texto
profético es eliminada por S. Mateo (1:18-25). Después de narrar
las dudas de San José y la reafirmación del angel "lo concebido
en ella es obra del Espíritu Santo", el evangelista continúa:
"Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había
anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen
concebirá y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel". No
es necesario que repitamos la explicación del pasaje dada por
comentaristas católicos que responden a las objeciones que se
han hecho contra el significado obvio del evangelista. De todo
lo anterior se puede deducir que María es mencionada en la
profecía de Isaías como madre de Jesucristo; a la luz de la
referencia a la profecía hecha por S. Mateo, se puede añadir que
ésta predijo también la virginidad de María, intacta en la
concepción de Emmanuel (7).
Miqueas 5:2-3
Una tercera profecía referente a Nuestra Señora se encuentra en
Miqueas 5:2-3: "Y tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado
entre las familias de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en
Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los días de la
eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de
parir parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de
Israel". Aunque el profeta (750-660 a. de C., aproximadamente)
fue contemporáneo de Isaías, su actividad profética comenzó un
poco más tarde y finalizó un poco antes que la de Isaías. No
cabe ninguna duda de que los judíos consideraban que las
predicciones anteriores se referían al Mesías. Según S. Mateo
(2:6), cuando Herodes preguntó a los sumos sacerdotes y escribas
dónde iba a nacer el Mesías, le respondieron con las palabras de
la profecía, "Y tú Belén, tierra de Judá, ...". Según S. Juan
(7:42), el populacho judío reunido en Jerusalén para la
celebración de la fiesta formuló la pregunta retórica: "¿No dice
la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Belén, de
donde era David, ha de venir el Mesías?". La paráfrasis caldea
de Miqueas 5:2 confirma la misma opinión: "De ti me saldrá el
Mesías, que señoreará en Israel". Las mismas palabras de la
profecía no admiten prácticamente otra explicación; pues "sus
orígenes son del comienzo, desde los días de la eternidad".
Mas, ¿cómo se refiere la profecía a la Virgen María? Nuestra
Señora es mencionada con la frase "hasta el tiempo en que la que
ha de parir parirá". Es cierto que "la que ha de parir" se ha
referido también a la Iglesia (S. Jerónimo, Teodoreto), o al
grupo de gentiles que se unieron a Cristo (Ribera, Mariana), o
también a Babilonia (Calmet); pero, por una parte, no hay apenas
relación suficiente entre ninguno de estos sucesos y el redentor
prometido; por otra parte, el pasaje debería decir " hasta el
tiempo en que la que es estéril parirá" si el profeta se hubiera
referido a cualquiera de dichos sucesos. Tampoco puede "la que
ha de parir" referirse a Sión: Sión es mencionada sin sentido
metafórico antes y después de este pasaje, de modo que no se
puede esperar que el profeta recurra de repente a un lenguaje
figurado. Mas aún, si se explica así la profecía, no tendría un
sentido cabal. Las frases contextuales "el señor de Israel",
"sus orígenes", que en hebreo implica nacimiento, y "sus
hermanos" hacen referencia a un individuo, no a una nación; de
ello se deduce que el parto debe referirse a esa misma persona.
Se ha mostrado que la persona que gobernará es el Mesías; por
ello, "la que ha de parir" debe referirse a la madre de Cristo,
Nuestra Señora. Así explicado, todo el pasaje aparece claro: el
Mesías ha de nacer en Belén, un pueblo insignificante de Judá;
su familia debe estar reducida a la pobreza y la oscuridad antes
del momento de su nacimiento; como esto no puede suceder si la
teocracia permanece intacta, si la casa de David continúa
floreciendo, "por ello los entregará hasta el tiempo en que la
que ha de parir parirá" al Mesías. (8)
Jeremías 31:22
Una cuarta profecía referente a María se encuentra en Jeremías
21:22: " El Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra: una
mujer ronda al varón". El texto del profeta Jeremías ofrece no
pocas dificultades para el intérprete científico; nosotros
seguiremos la versión de la Vulgata latina del original hebreo.
Pero incluso esta traducción ha sido explicada de muchas formas
diferentes: Rosenmuller y muchos intérpretes protestantes
conservadores defienden la versión "una mujer protegerá a un
hombre", mas tal argumento difícilmente podría inducir a los
hombres de Israel a retornar a Dios. La explicación "una mujer
buscará a un hombre" apenas está de acuerdo con el texto;
además, tal inversión del orden natural es presentada en Isaías
4:1 como una señal de la más absoluta catástrofe. La versión de
Ewald "una mujer se convertirá en un hombre" es muy poco fiel al
texto original. Otros comentaristas ven en la mujer un símil de
la Sinagoga o de la Iglesia, en el hombre un símil de Dios, de
modo que pueden explicar la profecía "Dios morará de nuevo en
medio de la Sinagoga (o del pueblo de Israel)" o "la Iglesia
protegerá la tierra con sus valientes hombres". Pero el texto
hebreo difícilmente evoca ese significado; además, esa
explicación convertiría ese pasaje en una tautología: "Israel
retornará a su Dios, ya que Israel amará a su Dios". Algunos
autores recientes traducen el original hebreo por: "Dios crea
algo nuevo sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna al hombre
(su marido)". Según la ley antigua (Deuteronomio 24:1-4;
Jeremías 3:1), el marido no podía volver a aceptar a su mujer
una vez que la había repudiado; pero el Señor introducirá una
novedad al permitir a la mujer infiel, o lo que es lo mismo, la
nación culpable, volver a la amistad con Dios. Esta explicación
se basa en una corrección aventurada del texto; además, no
implica necesariamente el significado mesiánico que se espera
del pasaje.
Los Padres griegos siguen generalmente la versión de la
Septuaginta, "El Señor ha creado salvación en una nueva
plantación, los hombres caminarán seguros"; mas S. Atanasio (9)
combina la versión de Aquila dos veces "Dios ha creado algo
nuevo en la mujer" con la de la Septuaginta, diciendo que la
nueva plantación es Jesucristo, y que lo nuevo creado en la
mujer es el cuerpo del Señor, concebido en la mujer virgen sin
la participación del hombre. También S. Jerónimo (10) entiende
el texto profético de la virgen que concibe al Mesías. Esta
explicación del pasaje concuerda con el texto y con el contexto.
Como la Palabra Encarnada poseyó desde el primer instante de su
concepción todas sus perfecciones, exceptuando aquellas
relacionadas con su desarrollo corporal, es correcto afirmar que
su madre "conseguirá un hombre". No es necesario señalar que tal
condición en una criatura recién concebida es denominada, con
razón, "algo nuevo sobre la tierra". El contexto de la profecía
describe, después de una breve introducción general (30:1-3), la
futura libertad de Israel y la restauración en cuatro estancias:
30:4-11, 12-22; 30:23; 31:14, 15-26; las tres primeras estancias
terminan con la esperanza del tiempo mesiánico. La cuarta
debería esperarse también que tuviera un final similar. Además,
la profecía de Jeremías, pronunciada alrededor del 589 a. de C.
y entendida en el sentido que se acaba de referir, concuerda con
las expectativas mesiánicas contemporáneas basadas en Isaías
7:14; 9:6; Miqueas 5:3. Según Jeremías, la madre de Cristo se
diferencia de las otras madres en que su Hijo, incluso cuando
aún está en su vientre, tiene todas las propiedades que
constituyen la verdadera naturaleza humana (11). El Antiguo
Tetamento se refiere indirectamente a María en aquellas
profecías que predicen la encarnación del Verbo de Dios.
TIPOS Y FIGURAS DE MARIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Para estar seguros del significado de un tipo, este significado
debe ser revelado, es decir, debe habernos sido transmitido a
través de la Sagrada Escritura o de la tradición. Algunos
escritores piadosos han desarrollado por su cuenta numerosas
analogías entre ciertos datos del Antiguo Testamento y los datos
correspondientes del Nuevo Testamento; sin embargo, por muy
ingeniosas que estas correlaciones puedan ser, no demuestran que
Dios tuviera de hecho la intención de transmitir en los textos
inspirados del Antiguo Testamento las verdades de la
correspondencia establecida. Por otra parte, debe tenerse
presente que no todas las verdades contenidas ya sea en las
Escrituras o en la tradición han sido explícitamente propuestas
a los creyentes como verdades de fe por definición expresa de la
Iglesia. De acuerdo con el principio "Lex orandi est lex
credenti" debemos tratar al menos con reverencia las
innumerables sugerencias contenidas en la liturgia y oraciones
oficiales de la Iglesia. De esta forma es como debemos
considerar muchos de los tratamientos otorgados a Nuestra Señora
en la letanía y en el "Ave maris stella". Las Antífonas y
Responsos que se encuentran en los Oficios recitados en las
varias festividades de Nuestra Señora sugieren un número de
tipos referentes a Nuestra Señora que difícilmente hubieran sido
mostrados con tanta viveza de otra manera a los ministros de la
Iglesia. La tercera antífona de Laudes de la Festividad de la
Circuncisión contempla en "el arbusto que arde sin consumirse" (Exodo
3:2) la figura de María en la concepción de su Hijo sin perder
su virginidad. La segunda antífona de Laudes del mismo Oficio
contempla en el vellón de lana de Gedeón, húmedo por el rocío
mientras que la tierra a su alrededor había permanecido seca
(Jueces 6:37-38), un tipo de María recibiendo en su vientre al
Verbo Encarnado (12). El Oficio de la Bienaventurada Virgen
aplica a María muchos de los pasajes referentes a la esposa del
Cantar de los Cantares (13) y también los referentes a la
sabiduría del Libro de los Proverbios 8:22-31 (14). Un "jardín
cerrado, una fuente sellada" mencionado en Cantares 4:12
aplicado a María es sólo un ejemplo concreto de todo lo referido
anteriormente (15). Además, Sara, Débora, Judit y Ester son
utilizadas como tipos de María; el arca de la Alianza, sobre la
que se manifiesta la misma presencia de Dios, es utilizada como
la figura de María llevando al Verbo Encarnado en su vientre.
Pero es especialmente Eva, la madre de todos los vivientes
(Génesis 3:20), la que es considerada como un tipo de María, que
es la madre de todos los vivientes en el orden de la gracia
(16).
MARIA EN LOS EVANGELIOS
El lector de los Evangelios se queda al principio sorprendido al
encontrar tan poco sobre María; pero esta oscuridad de María en
los Evangelios ha sido estudiada exhaustivamente por el Beato
Pedro Canisius (17), Augusto Nicolás (18), el Cardenal Newman
(19) y el muy reverendo J. Spencer Northcote (20). En el
comentario del "Magnificat" publicado en 1518, incluso Lutero
expresa su convencimiento de que los Evangelios alaban
suficientemente a María al llamarla (ocho veces) la Madre de
Jesús. En los siguientes párrafos agruparemos brevemente lo que
se conoce de la vida de Nuestra Señora antes del nacimiento de
su divino Hijo, durante la vida oculta de Nuestro Señor, durante
su vida pública y después de su resurrección.
Ascendencia Davídica de María
S. Lucas (2:4) narra que San José se desplazó desde Nazaret a
Belén para empadronarse, "por ser él de la casa y de la familia
de David". Como si quisiera eliminar cualquier duda referente a
la ascendencia davídica de María, el evangelista (1:32,69)
afirma que al niño nacido de María sin intervención de varón le
será otorgado "el trono de David, su padre", y que el Señor Dios
ha "levantado en favor nuestro un cuerno de salvación en la casa
de David, su siervo". (21) S. Pablo también da fe de que
Jesucristo "nacido de la descendencia de David según la carne "
(Romanos 1:3). Si María no hubiera sido descendiente de David,
su Hijo concebido por el Espíritu Santo no hubiera podido
considerarse "de la descendencia de David". Por ello los
comentaristas nos dicen que en el texto "En el mes sexto fue
enviado el ángel Gabriel ... a una virgen desposada con un varón
de nombre José, de la casa de David" (Lucas 1:26-27); la última
frase "de la casa de David" no se refiere a José, sino a la
doncella virgen que es el personaje principal de la narración;
así tenemos un testimonio inspirado directo de la ascendencia
davídica de María. (22)
Mientras que los comentaristas generalmente están de acuerdo en
que la genealogía que se encuentra al comienzo del primer
Evangelio es la de S. José, Annius de Viterbo propone su
opinión, a la que ya se refirió S. Agustín, de que la genealogía
de S. Lucas describe la ascendencia de María. El texto del
tercer Evangelio (3:23) puede explicarse de forma que Heli sea
el padre de María: "Jesús ... era, según se creía, hijo de José,
hijo de Heli" (23). En estas explicaciones el nombre de María no
se menciona explícitamente, pero va implícito; ya que Jesús es
el hijo de Heli a través de María.
Sus padres
Aunque pocos comentaristas están de acuerdo con esta opinión
acerca de la genealogía de S. Lucas, el nombre del padre de
María, Heli, coincide con el nombre del padre de Nuestra Señora
según una tradición basada en la narración del Protoevangelio de
Santiago, un Evangelio apócrifo que data de finales del siglo II.
Según este documento, los padres de María eran Joaquín y Ana.
Ahora bien, el nombre de Joaquín es sólo una variante de Heli o
Eliachim, sustituyendo un nombre divino (Yavé) por otro (Eli,
Elohim). La tradición en lo que respecta a los padres de María,
según el Evangelio de Santiago, es reproducida por S. Juan
Damasceno (24), S. Gregorio de Nyssa (25), S. Germán de
Constantinopla (26), Pseudo-Epifanio (27), pseudo-Hilario (28) y
S. Fulberto de Chartres (29). Algunos de estos escritores añaden
que el nacimiento de María se consiguió gracias a las fervientes
oraciones de Joaquín y Ana cuando ya tenían una edad avanzada.
Así como Joaquín pertenecía a la familia real de David, también
se supone que Ana era descendiente de la familia sacerdotal de
Aaron; por ello, Cristo, el Eterno Rey y Sacerdote, descendía de
una familia real y sacerdotal (30).
La ciudad de los padres de María
Según S. Lucas 1:26, María vivía en Nazaret, una ciudad de
Galilea, en el momento de la Anunciación. Una determinada
tradición sostiene que fue concebida y nació en la misma casa en
la que el Verbo se hizo carne (31). Otra tradición, basada en el
Evangelio de Santiago, considera Seforis como la primera casa de
Joaquín y Ana, aunque se dice que después vivieron en Jerusalén,
en una casa llamada Probatica por S. Sofronio de Jerusalén (32).
Probatica, un nombre que probablemente procedía de un estanque
llamado Probatica o Betzata en S. Juan 5:2, cercano al
santuario. Aquí fue donde nació María. Alrededor de un siglo
después, sobre el 750 d. de J.C., S. Juan Damasceno (33) afirma
de nuevo que María nació en Probatica.
Se dice que, ya en el siglo V, la emperatriz Eudoxia construyó
una iglesia en el lugar en que nació María, y donde sus padres
vivieron en su ancianidad. La actual iglesia de Sta. Ana se
encuentra a una distancia de menos de 100 pies de la piscina
Probática. El 18 de marzo de 1889 se descubrió una cripta que
encierra el sitio en que se supone que Sta. Ana fue enterrada.
Probablemente ese lugar fue en su origen un jardín en el que
Joaquín y Ana recibieron sepultura. En su época todavía estaba
situado fuera de los muros de la ciudad, unos 400 pies al norte
del Templo. Otra cripta cercana a la tumba de Sta. Ana se cree
que es el lugar donde nació la Bienaventurada Virgen; por ello,
en los primeros tiempos se le llamó a esa iglesia Sta. María de
la Natividad (34). En el valle Cedron, cerca de la carretera que
lleva a la iglesia de la Asunción, hay un pequeño santuario que
contiene dos altares, que se cree que están edificados sobre las
tumbas de S. Joaquín y Sta. Ana; sin embargo, estos sepulcros
pertenecen a la época de las Cruzadas (35). También en Seforis
los cruzados reemplazaron un antiguo santuario situado sobre la
legendaria casa de S. Joaquín y Sta. Ana por una gran iglesia.
Después de 1788 parte de esta iglesia fue restaurada por los
Padres Franciscanos.
Su Inmaculada Concepción
La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora ha sido tratada en un
artículo especial.
El nacimiento de María
En lo referente al lugar de nacimiento de Nuestra Señora,
existen tres tradiciones diferentes que hay que considerar.
Primero, se ha situado el acontecimiento en Belén. Esta opinión
se basa en la autoridad de los siguientes testigos: ha sido
expresada en un documento titulado "De nativ. S. Mariae" (36)
incluido a continuación de las obras de S. Jerónimo; es una
suposición más o menos vaga del Peregrino de Piacenza, llamado
erróneamente Antonino Mártir, que escribió alrededor del 580 d.
de J.C. (37); finalmente, los Papas Pablo II (1471), Julio II
(1507), León X (1519), Pablo III (1535), Pío IV (1565), Sixto V
(1586) e Inocencio XII (1698) en sus Bulas referentes a la Santa
Casa del Loreto afirman que la Bienaventurada Virgen nació, fue
educada y recibió la visita del ángel en la Santa Casa. Sin
embargo, estos pontífices no deseaban en realidad decidir sobre
una cuestión histórica; ellos simplemente expresan la opinión de
sus épocas respectivas.
Una segunda tradición situaba el nacimiento de Nuestra Señora en
Seforis, unas tres millas al norte de Belén, la Diocaesarea
romana, y la residencia de Herodes Antipas hasta bien entrada la
vida de Nuestro Señor. La antigüedad de esta opinión puede
deducirse por el hecho de que bajo el reinado de Constantino se
erigió en Seforis una iglesia para conmemorar la residencia de
Joaquín y Ana en dicho lugar (38). S. Epifanio habla de este
santuario (39). Pero esto sólo demuestra que Nuestra Señora
debió vivir durante algún tiempo en Seforis con sus padres, sin
que por ello tengamos que creer que nació allí.
La tercera tradición, la de que María nació en Jerusalén, es la
más probable de las tres. Hemos visto que se basa en el
testimonio de S. Sofronio, de S. Juan Damasceno y sobre la
evidencia de hallazgos recientes en la Probatica. La Festividad
de la Natividad de Nuestra Señora no se celebró en Roma hasta
finales del siglo VII; sin embargo, dos sermones encontrados
entre los escritos de S. Andrés de Creta (m. 680) implican la
existencia de esta fiesta y nos hacen suponer que fue
introducida en una fecha más temprana en otras iglesias (40). En
1799, el décimo canon del Sínodo de Salzburgo señala cuatro
fiestas en honor de la Madre de Dios: la Purificación, el 2 de
febrero; la Anunciación, el 25 de marzo; la Asunción, el 15 de
agosto y la Natividad, el 8 de septiembre.
La Presentación de María
Según Exodo 13:2 y 13:12, todo primogénito hebreo debía ser
presentado en el Templo. Dicha ley llevaría a los padres judíos
piadosos a observar el mismo rito religioso con otros hijos
favoritos. Ello hace suponer que Joaquín y Ana presentaron a su
hija, obtenida tras largas y fervientes oraciones, en el Templo.
En cuanto a María, S. Lucas (1:34) nos dice que respondió al
ángel que le anunciaba el nacimiento de Jesucristo: "cómo podrá
ser esto, pues yo no conozco varón". Estas palabras difícilmente
pueden ser entendidas, a menos que supongamos que María había
hecho voto de virginidad, ya que cuando las pronunció estaba
desposada con S. José (41). La ocasión más adecuada para tal
voto fue su presentación en el Templo. Del mismo modo que
algunos Padres admiten que las facultades de S. Juan Bautista
fueron desarrolladas prematuramente por una intervención
especial del poder divino, se puede admitir la existencia de una
gracia similar para con la hija de Joaquín y Ana (42).
Sin embargo, todo lo referido anteriormente no supera la certeza
de la probabilidad de unas conjeturas piadosas. La consideración
de que Nuestro Señor no podía rehusarle a su bendita Madre
cualquier favor que dependiera exclusivamente de su
magnificencia, no tiene un valor mayor que el de un argumento a
priori. La certeza sobre esta cuestión debe depender de
testimonios externos y de las enseñanzas de la Iglesia.
Ahora bien, el Protoevangelio de Santiago (7-8) y el documento
titulado "De nativit. Mariae" (7-8), (43) afirman que Joaquín y
Ana, cumpliendo un voto que habían hecho, presentaron a la
pequeña María en el Templo cuando tenía tres años de edad; que
la criatura subió sola los escalones del Templo, y que hizo su
voto de virginidad en dicha ocasión. S. Gregorio de Nyssa (44) y
S. Germán de Constantinopla (45) aceptaron este testimonio, que
también fue seguido por pseudo-Gregorio de Naz. en su "Christus
patiens" (46). Además, la Iglesia celebra la Festividad de la
Presentación, aunque no especifica a qué edad fue presentada la
pequeña María en el Templo, cuándo hizo su voto de virginidad y
cuáles fueron los dones especiales naturales y sobrenaturales
que Dios le concedió. La festividad es mencionada por primera
vez en un documento de Manuel Commenus, en 1166; desde
Constantinopla, la festividad debió ser introducida en la
Iglesia occidental, donde la podemos hallar en la corte papal de
Aviñón en 1371; alrededor de un siglo más tarde, el Papa Sixto
IV introdujo el Oficio de la Presentación, y en 1585 el Papa
Sixto V extendió la Festividad de la Presentación a toda la
Iglesia.
Sus esponsales con José
Las escrituras apócrifas a las que nos hemos referido en el
párrafo anterior afirman que María permaneció en el Templo
después de su presentación para ser educada con otros niños
judíos. Allí ella disfrutó de visiones extáticas y visitas
diarias de los santos ángeles.
Cuando ella contaba catorce años, el sumo sacerdote quiso
enviarla a casa para que contrajera matrimonio. María le recordó
su voto de virginidad, y confundido, el sumo sacerdote consultó
al Señor. Entonces llamó a todos los hombres jóvenes de la
estirpe de David y prometió a María en matrimonio a aquel cuya
vara retoñara y se convirtiera en el lugar de descanso del
Espíritu Santo en forma de paloma. José fue el agraciado en este
proceso extraordinario.
Hemos visto ya que S. Gregorio de Nyssa, S. Germán de
Constantinopla y pseudo-Gregorio Nacianceno parecen admitir
estas leyendas. Además, el emperador Justiniano permitió que se
construyera una basílica en la plataforma del antiguo Templo, en
memoria de la estancia de Nuestra Señora en el santuario; la
iglesia fue llamada la Nueva Santa María, para distingirla de la
iglesia de la Natividad. Se cree que es la moderna mezquita de
Al-Aqsa (47).
Por otra parte, la Iglesia no se pronuncia en lo que respecta a
la estancia de María en el Templo. S. Ambrosio (48), cuando
describe la vida de María antes de la Anunciación, supone
expresamente que vivía en la casa de sus padres. Todas las
descripciones del Templo judío que pueden poseer algún valor
científico nos dejan a oscuras en cuanto a la existencia de
lugares en los que pudieran haber recibido su educación las
muchachas jóvenes. La estancia de Joas en el Templo hasta la
edad de siete años no apoya el supuesto de que las chicas
jóvenes fueran educadas dentro del recinto sagrado, ya que Joas
era el rey, y fue obligado por las circunstancias a permanecer
en el Templo (cf. IV Reyes 11:3). La alusión de II Macabeos
3:19, cuando dice "las doncellas, recogidas" no demuestra que
ninguna de ellas fuera retenida en los edificios del Templo. Si
se dice de la profetisa Ana (Lucas 2:37) que "no se apartaba del
templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día", nosotros
no suponemos que ella viviera de hecho en una de las
habitaciones del templo. (49) Como la casa de Joaquín y Ana no
se encontraba muy alejada del Templo, podemos suponer que a la
santa niña María se le permitía a menudo visitar los sagrados
edificios para que pudiera satisfacer su devoción.
Se consideraba que las doncellas judías habían alcanzado la edad
del matrimonio cuando cumplían doce años y seis meses, aunque la
edad de la novia variaba según las circunstancias. El matrimonio
era precedido por los esponsales, después de los cuales la novia
pertenecía legalmente al novio, aunque no vivía con él hasta un
año después, que era cuando el matrimonio solía celebrarse. Todo
esto coincide con el lenguaje de los evangelistas. S. Lucas
(1:27) llama a María " una virgen desposada con un varón de
nombre José"; S. Mateo (1:18) dice "Estando desposada María, su
madre, con José, antes de que conviviesen, se halló haber
concebido María del Espíritu Santo". Como no tenemos noticia de
ningún hermano de María, debemos suponer que era una heredera, y
estaba obligada por la ley de Números 36:3 a casarse con un
miembro de su tribu. La ley misma prohibía el matrimonio entre
determinados grados de parentesco, de modo que incluso el
matrimonio de una heredera se dejaba más o menos a su elección.
Según la costumbre judía, la unión de José y María tenía que ser
concertada por los padres de José. Uno se puede preguntar por
qué María accedió a sus esponsales, cuando estaba ligada por su
voto de virginidad. De la misma manera que ella había obedecido
la inspiración divina al hacer su voto, también la obedeció al
convertirse en la novia prometida de José. Además, hubiera sido
un caso singular entre los judíos el rehusar los esponsales o el
matrimonio, ya que todas las doncellas judías aspiraban al
matrimonio como la realización de un deber natural. María confió
implícitamente en la guía de Dios, y por ello estaba segura de
que su voto sería respetado incluso en su estado de casada.
La Anunciación
La Anunciación ha sido tratada en un artículo especial.
La Visitación
Según Lucas 1:36, el ángel Gabriel le dijo a María en el momento
de la Anunciación, "Isabel, tu parienta, también ha concebido un
hijo en su vejez, y éste es ya el mes sexto de la que era
estéril". Sin poner en duda la verdad de las palabras del ángel,
María decidió enseguida contribuir a la alegría de su piadosa
pariente. (50) Por ello, continúa el evangelista (1:39):" En
aquellos días se puso María en camino y con presteza fue a la
montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías y
saludó a Isabel". Aunque María debe haberle comunicado a José su
propósito de realizar esa visita, es difícil determinar si él la
acompañó; si dio la casualidad de que el momento de la visita
coincidía con alguna de las temporadas de fiestas en que los
israelitas tenían que acudir al Templo, habría pocas
dificultades acerca de la compañía.
La casa de Isabel ha sido localizada en varios emplazamientos
según los diferentes escritores: ha sido situada en Machaerus,
unas diez millas al este del Mar Muerto, o en Hebrón, o de nuevo
en la antigua ciudad sacerdotal de Jutta, unas siete millas al
sur de Hebrón, o finalmente en Ain-Karim, la tradicional S.
Juan-en-la-Montaña, unas cuatro millas al oeste de Jerusalén.
(51) Sin embargo, los tres primeros sitios no poseen ningún
monumento conmemorativo del nacimiento o de la vida de S. Juan;
además, Machaerus no estaba situada en las montañas de Judá;
Hebrón y Jutta pertenecían a Idumea, después de la cautividad
babilónica, en tanto que Ain-Karim está situada en las
"montañas" mencionadas en el texto inspirado de S. Lucas.
Después de un viaje de unas treinta horas, María "entró en casa
de Zacarías y saludó a Isabel" (Lucas 1:40). Según la tradición,
en la época de la visitación Isabel no vivía en su casa de la
ciudad sino en su villa, a unos diez minutos de la ciudad;
antiguamente este lugar estaba señalado por una iglesia superior
y otra inferior. En 1861 se erigió sobre los antiguos cimientos
la pequeña iglesia actual de la Visitación.
"Así que oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su
seno". Fue en este momento cuando Dios cumplió la promesa hecha
por el ángel a Zacarías (Lucas 1:15), "desde el seno de su madre
será lleno del Espíritu Santo"; en otras palabras, el niño que
Isabel llevaba en su seno fue purificado de la mancha del pecado
original. Se desbordó la plenitud del Espíritu Santo en el alma
de su madre, "e Isabel se llenó del Espíritu Santo" (Lucas
1:41). Así, tanto la madre como el hijo fueron santificados por
la presencia de María y del Verbo Encarnado (53); llena como
estaba del Espíritu Santo, Isabel "clamó con fuerte voz:
¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque así
que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, exultó de gozo el
niño en mi seno. Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que
se le ha dicho de parte del Señor" (Lucas 1:42-45). Dejemos a
los comentaristas la explicación completa del pasaje precedente,
y centremos nuestra atención sólo en dos puntos:
Isabel comienza su saludo con las mismas palabras con las que el
ángel había terminado su salutación, mostrando de esta manera
que ambos hablaban por inspiración del Espíritu Santo.
Isabel es la primera en llamar a María por su título más
honorable "Madre de Dios".
La respuesta de María es el cántico de alabanza denominado
comunmente Magnificat, por la primera palabra de su texto en
latín; el "Magnificat" ha sido tratado en un artículo separado.
El evangelista termina su relato de la Visitación con las
palabras: "María permaneció con ella como unos tres meses y se
volvió a su casa" (Lucas 1:56). Muchos ven en esta breve frase
del tercer evangelio una sugerencia implícita de que María
permaneció en casa de Zacarías hasta el nacimiento de Juan el
Bautista, mientras que otros niegan tal implicación. Dado que la
Festividad de la Visitación fue emplazada el 2 de julio por el
cuadragésimo tercer canon del Concilio de Basilea (1441 d. de
J.C.), el día siguiente a la octava de la Festividad de S. Juan
Bautista, se ha deducido que posiblemente María permaneciera con
Isabel hasta después de la circuncisión del niño; pero no hay
más pruebas que corroboren esta suposición. Aunque la Visitación
es descrita con tanta precisión en el tercer evangelio, su
festividad no parece haberse celebrado hasta el siglo XIII,
cuando fue introducida a través de la influencia de los
franciscanos; fue instituida oficialmente en 1389 por Urbano VI.
El embarazo de María llega a conocimiento de José
Después del regreso de casa de Isabel, "se halló haber concebido
María del Espíritu Santo" (Mateo 1:18). Dado que entre los
judíos los esponsales constituían un verdadero matrimonio, el
uso del matrimonio después del tiempo de los esponsales no era
nada extraño entre ellos. Por ello, el embarazo de María no
podía sorprender a nadie mas que al mismo S. José. La situación
debió haber sido extremadamente dolorosa tanto para él como para
María, ya que él no conocía el misterio de la Encarnación. El
evangelista dice: "José, su esposo, siendo justo, no quiso
denunciarla y resolvió repudiarla en secreto" (S. Mateo 1:19).
María dejó la solución a esta dificultad en manos de Dios, y
Dios informó en su momento al asombrado esposo de la verdadera
condición de María. Mientras José "reflexionaba sobre esto, he
aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo:
José, hijo de David, no temas recibir en casa a María, tu
esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo.
Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque
salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:20-21).
No mucho después de esta revelación, José concluyó el ritual del
contrato de matrimonio con María. El Evangelio dice
sencillamente: "Al despertar José de su sueño hizo como el ángel
del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa"
(Mateo 1:24). Si bien es cierto que deben haber pasado al menos
tres meses entre los esponsales y el matrimonio, durante los
cuales María permaneció con Isabel, es imposible determinar con
exactitud el lapso de tiempo transcurrido entre las dos
ceremonias. No sabemos cuánto tiempo después de los esponsales
le anunció el ángel a María el misterio de la Encarnación, y
tampoco sabemos cuánto duró la duda de S. José antes de que
fuera iluminado por la visita del ángel. Teniendo en cuenta la
edad a la que las doncellas judías se convertían en casaderas,
es posible que María diera a luz a su Hijo cuando contaba
alrededor de trece o catorce años de edad. Ningún documento
histórico nos dice qué edad tenía en realidad en el momento de
la Natividad.
El viaje a Belén
Lucas (2:1-5) explica cómo José y María viajaron desde Nazaret
hasta Belén obedeciendo un decreto de César Augusto que ordenaba
un empadronamiento general. Las cuestiones relacionadas con este
decreto han sido tratadas en el artículo CRONOLOGÍA BÍBLICA. Se
dan varias razones por las que María debe haber acompañado a
José en este viaje: es posible que ella no deseara perder la
protección de José durante este periodo crítico de su embarazo,
o puede que haya seguido una inspiración divina especial que la
impulsaba a marchar para que se cumplieran las profecías
referentes a su divino Hijo, o también puede que fuera obligada
a ir debido a la ley civil, ya fuera como heredera o para
satisfacer el impuesto personal que había que pagar por las
mujeres mayores de doce años. (54)
Dado que el empadronamiento había atraído a multitud de
extranjeros a Belén, María y José no encontraron sitio en la
posada de la caravana y tuvieron que alojarse en una gruta que
servía de refugio para los animales. (55)
María da a luz a Nuestro Señor
"Estando allí, se cumplieron los días de su parto" (Lucas 2:6);
este lenguaje no deja claro si el nacimiento de Nuestro Señor
ocurrió inmediatamente después de que José y María se hubieran
alojado en la gruta, o varios días después. Lo que se narra
acerca de los pastores "estaban velando las vigilias de la noche
sobre su rebaño" (Lucas 2:8) muestra que Cristo nació durante la
noche.
Después de dar a luz a su Hijo, María "le envolvió en pañales y
le acostó en un pesebre" (Lucas 2:7), señal de que no sufrió
dolores ni debilidades en el parto. Esta deducción coincide con
las enseñanzas de algunos de los principales Padres y teólogos:
S. Ambrosio (56), S. Gregorio de Nyssa (57), S. Juan Damasceno
(58), el autor de Christus patiens (59), Sto. Tomás (60), etc.
No era adecuado que la madre de Dios estuviera sujeta al castigo
pronunciado en Génesis 3:16 contra Eva y sus hijas pecadoras.
Poco después del nacimiento del niño los pastores, obedientes a
la invitación del ángel, llegaron a la gruta "y encontraron a
María, a José y al Niño acostado en un pesebre" (Lucas 2:16).
Podemos suponer que los pastores divulgaron las felices nuevas
que habían recibido durante la noche entre sus amigos en Belén,
y que la Sagrada Familia fue recibida por alguno de sus
habitantes piadosos en un alojamiento más adecuado.
La Circuncisión de Nuestro Señor
"Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al
Niño, le dieron el nombre de Jesús" (Lucas 2:21). El rito de la
circuncisión se llevaba a cabo bien en la sinagoga bien en el
hogar del niño; es imposible determinar dónde tuvo lugar la
circuncisión de Nuestro Señor. De todos modos, su Bienaventurada
Madre debe haber estado presente durante la ceremonia.
La Presentación
Según la ley del Levítico 12:-8, toda madre judía de un varón
hebreo tenía que presentarse cuarenta días después de su
nacimiento para su purificación legal; según Exodo 13:2 y
Números 18:15, el primogénito tenía que ser presentado en esa
misma ocasión. Cualesquiera que fueran las razones que María y
el Niño hubieran podido tener para reclamar una excepción, el
hecho es que acataron la ley. Sin embargo, en vez de ofrecer un
cordero, presentaron el sacrificio de los pobres, que consistía
en un par de tórtolas o de pichones. En II Corintios 8:9, S.
Pablo dice a los corintios que Jesucristo "siendo rico, se hizo
pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su
pobreza". Aún más agradable a Dios que la pobreza de María fue
la prontitud con que ofreció a su divino Hijo para la
complacencia de su Padre Celestial.
Después de que se hubieron llevado a cabo los ritos
ceremoniales, el santo Simeón tomó al Niño en sus brazos y dio
gracias a Dios por el cumplimiento de sus promesas; hizo una
llamada de atención sobre la universalidad de la salvación que
iba a venir a través de la redención mesiánica "la que has
preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación
de las gentes y gloria de tu pueblo, Israel" (Lucas 2:31 sq.).
María y José comenzaron ahora a conocer más plenamente a su
divino Hijo; ellos "estaban maravillados de las cosas que se
decían de El" (Lucas 2:33). Como si quisiera preparar a su
Bienaventurada Madre para el misterio de la cruz, el santo
Simeón le dijo: "Puesto está para caída y levantamiento de
muchos en Israel y para blanco de contradicción; y una espada
atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de
muchos corazones" (Lucas 2:34-35). María había padecido su
primer gran dolor cuando José había dudado al tomarla por
esposa; su segundo gran dolor lo experimentó cuando oyó las
palabras del santo Simeón.
Aunque el incidente de la profetisa Ana había tenido una
relación más general, ya que ella "hablaba de El a cuantos
esperaban la redención de Jerusalén" (Lucas 2:38), debe haber
aumentado en gran medida el asombro de José y María. El
comentario final del evangelista "Cumplidas todas las cosas
según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de
Nazaret" (Lucas 2:39), ha sido interpretado de varias maneras
por los comentaristas; en lo referente al orden de los sucesos,
consulte el artículo CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE JESUCRISTO.
La visita de los Magos
Tras la Presentación, la Sagrada Familia bien volvió
directamente a Belén, o bien fue primero a Nazaret y de allí a
la ciudad de David. De todos modos, después de que "los magos de
Oriente" hubieron sido guiados hasta Belén por Dios, "entrados
en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y de hinojos le
adoraron, y abriendo sus alforjas, le ofrecieron dones, oro,
incienso y mirra" (Mateo 2:11). El evangelista no menciona a
José; no porque no estuviera presente, sino porque María ocupa
el lugar principal junto al Niño. Los evangelistas no han
contado cómo dispusieron María y José de los regalos ofrecidos
por sus ricos visitantes.
La huida a Egipto
Poco después de la partida de los magos, José recibió el mensaje
del ángel del Señor para que huyera a Egipto con el Niño y su
madre, debido a los malvados propósitos de Herodes; la pronta
obediencia del santo varón es descrita brevemente por el
evangelista con las palabras: "Levantándose de noche, tomó al
niño y a la madre y partió para Egipto" (Mateo 2:14). Los judíos
perseguidos siempre habían buscado refugio en Egipto (cf. III
Reyes 11:40; IV Reyes 25:26); en tiempos de Cristo, los colonos
judíos eran especialmente numerosos en la tierra del Nilo (61);
según Filón (62) eran al menos un millón. En Leontopolis, en el
distrito de Heliópolis, los judíos tenían un templo (160 a. de
C.-73 d. de J.C.) que rivalizaba en esplendor con el templo de
Jerusalén. (63) Por todo ello, la Sagrada Familia podía esperar
hallar en Egipto una cierta ayuda y protección.
Por otra parte, era necesario un viaje de al menos diez días
desde Belén para alcanzar los distritos habitados más cercanos
de Egipto. No sabemos qué camino tomó la Sagrada Familia en su
huida; pudieron haber tomado la carretera ordinaria a través de
Hebrón; o pudieron marchar vía Eleutheropolis y Gaza o también
pudieron haberse dirigido al oeste de Jerusalén hacia la gran
carretera militar de Joppe.
Apenas existe algún documento histórico que nos pueda servir de
ayuda para determinar dónde vivió la Sagrada Familia en Egipto,
y tampoco sabemos cuánto duró este exilio forzado. (64)
Cuando José recibió por el ángel la noticia de la muerte de
Herodes y la orden de volver a la tierra de Israel, él,
"levantándose, tomó al niño y a la madre y partió para la tierra
de Israel" (Mateo 2:21). La noticia de que Arquelao reinaba en
Judea impidió a José establecerse en Belén, como había sido su
intención; "advertido en sueños, se retiró a la región de
Galilea, yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret" (Mateo
2:22-23). En todos estos detalles, María sencillamente se dejó
guiar por José, que a su vez, recibió las manifestaciones
divinas como cabeza de la Sagrada Familia. No es necesario
señalar el intenso dolor de María ante la temprana persecución
del Niño.
La Sagrada Familia en Nazaret
La vida de la Sagrada Familia en Nazaret fue la propia de un
comerciante pobre normal. Según S. Mateo 13:55, la gente del
pueblo preguntaba "¿No es éste el hijo del carpintero?"; la
pregunta, tal y como viene expresada en el segundo evangelio
(Marcos 6:3) muestra una ligera variación, "¿No es acaso el
carpintero?". Mientras José ganaba el sustento para la Sagrada
Familia con su trabajo diario, María atendía las labores del
hogar. S. Lucas (2:40) dice brevemente de Jesús: "El Niño crecía
y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba
en El". El Sabath semanal y las grandes fiestas anuales
interrumpían la rutina diaria de la vida en Nazaret.
Nuestro Señor es hallado en el Templo
Según la ley de Exodo 23:17, sólo los hombres estaban obligados
a visitar el templo en las tres festividades solemnes del año;
pero las mujeres se unían a menudo a los hombres para satisfacer
su devoción. S. Lucas (2:41) nos informa de que "Sus padres (del
Niño) iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua".
Probablemente dejaban al niño Jesús en casa de amigos o
parientes durante los días que duraba la ausencia de María.
Según la opinión de algunos escritores, el Niño no dio ninguna
señal de su divinidad durante los años de su infancia, con el
propósito de aumentar los méritos de la fe de José y María,
basada en lo que habían visto y oído en el momento de la
Encarnación y el nacimiento de Jesús. Los Doctores judíos de la
Ley sostenían que un chico se convertía en hijo de la ley a la
edad de doce años y un día; después de ésto, estaba obligado por
los preceptos legales.
El evangelista nos proporciona aquí la información de que
"cuando era ya de doce años, al subir sus padres, según el rito
festivo, y volverse ellos, acabados los días, el niño Jesús se
quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo echasen de ver".
(Lucas 2:42-43). Esto ocurrió probablemente después del segundo
día de fiesta, cuando José y María regresaban con otros
peregrinos galileos; la ley no exigía una estancia más larga en
la Ciudad Sagrada. Durante el primer día, la caravana hacía
generalmente un viaje de cuatro horas, y pasaba la noche en
Beroth, en la frontera norte del antiguo reino de Judá. Los
cruzados construyeron en este lugar una preciosa iglesia gótica
para conmemorar el dolor de Nuestra Señora cuando "buscáronle
entre parientes y conocidos, y al no hallarle, se volvieron a
Jerusalén en busca suya" (Lucas 2:44-45). El Niño no fue
encontrado entre los peregrinos que habían venido a Beroth en el
primer día de viaje; tampoco le encontraron el segundo día,
cuando José y María regresaron a Jerusalén; no fue hasta el
tercer día cuando "le hallaron en el templo, sentado en medio de
los doctores, oyéndolos y preguntándoles...Cuando sus padres le
vieron, se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos
has hecho así? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos
buscándote" (Lucas 2:40-48). La fe de María no le permitía temer
que un mínimo accidente le ocurriera a su divino Hijo; pero
percibió que su conducta habitual de docilidad y sumisión había
cambiado por completo. Este sentimiento era la causa de la
pregunta, por qué Jesús había tratado a sus padres de aquella
manera. Jesús respondió simplemente: "¿Por qué me buscabais? ¿No
sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre?"
(Lucas 2:49). Ni José ni María tomaron estas palabras como una
reprimenda; "Ellos no entendieron lo que les decía" (Lucas
2:50). Un escritor reciente ha sugerido que el significado de la
última frase debe ser entendido "ellos (es decir, los que
estaban presentes) no entendieron lo que les (es decir, a José y
a María) decía".
El resto de la juventud de Nuestro Señor
Después de esto, Jesús "bajó con ellos, y vino a Nazaret" donde
comenzó una vida de trabajo y pobreza, de la cual dieciocho años
son resumidos por el evangelista en estas pocas palabras, "y les
estaba sujeto,... crecía en sabiduría y edad y gracia ante Dios
y ante los hombres" (Lucas 2:51-52). La vida interior de María
es señalada brevemente por la expresión inspirada del escritor
"y su madre conservaba todo esto en su corazón" (Lucas 2:51).
Una expresión análoga había sido usada en 2:19, "María guardaba
todo esto y lo meditaba en su corazón". Así, María observaba la
vida diaria de su divino Hijo, y crecía en su conocimiento y
amor a través de la meditación sobre lo que veía y oía. Ciertos
escritores han señalado que el evangelista indica aquí la última
fuente de la que obtuvo el material contenido en sus dos
primeros capítulos.
La virginidad perpetua de María
Relacionados con el estudio de María durante la vida oculta de
Nuestro Señor, nos encontramos los aspectos referentes a su
virginidad perpetua, su maternidad divina y su santidad
personal. Su virginidad sin mácula ha sido suficientemente
considerada en el artículo sobre el Nacimiento de la Virgen. Las
autoridades citadas entonces mantienen que María permaneció
virgen cuando concibió y dio a luz a su divino Hijo, y también
después del nacimiento de Jesús. La pregunta de María (Lucas
1:34), la respuesta del ángel (Lucas 1:35,37), la manera de
comportarse de José durante su duda (Mateo 1:19-25), las
palabras de Cristo dirigidas a los judíos (Juan 8:19), muestran
que María conservó su virginidad durante la concepción de su
divino Hijo.
En cuanto a la virginidad de María después del parto, no es
negada ni por las expresiones de S. Mateo "antes de que
conviviesen" (1:18), "su primogénito" (1:25), ni por el hecho de
que los libros del Nuevo Testamento se refieran repetidamente a
los hermanos de Jesús. (66) Las palabras "antes de que
conviviesen" significan probablemente "antes de que viviesen en
la misma casa", refiriéndose al tiempo en que sólo estaban
desposados; mas incluso si estas palabras fueran entendidas como
vida marital, sólo afirman que la Encarnación tuvo lugar antes
de que tal relación fuera establecida, y sin implicar por ello
que ésta tuviera lugar después de la Encarnación del Hijo de
Dios.
Lo mismo debe decirse de la expresión "No la conoció hasta que
dio a luz a su primogénito" (Mateo 1:25); el evangelista nos
dice lo que no ocurrió antes del nacimiento de Jesús, sin
sugerir que ello ocurriera después de su nacimiento. (68) El
nombre "primogénito" se aplica a Jesús tanto si su madre
continuó siendo virgen como si dio a luz a otros hijos después
de Jesús; entre los judíos era un nombre legal (69), de modo que
su aparición en el Evangelio no puede extrañarnos.
Finalmente, "los hermanos de Jesús" no son ni los hijos de María
ni los hermanos de Nuestro Señor, en un sentido estricto del
término, sino sus primos o los parientes más o menos cercanos.
(70) La Iglesia insiste en que con su nacimiento el Hijo de Dios
no disminuyó sino que consagró la integridad virginal de su
madre (oración secreta en la Misa de Purificación). Los Padres
se expresan también en un lenguaje similar en lo que se refiere
a este privilegio de María. (71)
La maternidad divina de María
La maternidad divina de María está basada en las enseñanzas de
los Evangelios, en los escritos de los Padres y en la definición
expresa de la Iglesia. S. Mateo (1:25) testifica que María "dio
a luz a su primogénito" y que El fue llamado Jesús. Según S.
Juan (1:15) Jesús es la Palabra hecha carne, la Palabra que
asumió la naturaleza humana en el vientre de María. Como María
era verdaderamente la madre de Jesús, y Jesús era verdadero Dios
desde el primer momento de su concepción, María es en verdad la
madre de Dios. Incluso los Padres más antiguos no dudaron en
extraer esta conclusión, como puede verse en los escritos de S.
Ignacio (72), S. Ireneo (73), y Tertuliano (74). El conflicto de
Nestorio que negaba a María el título de "Madre de Dios" (75)
fue seguido por las enseñanzas del Concilio de Efeso, que
proclamó que María era Theotokos en el verdadero sentido de la
palabra. (76)
La santidad perfecta de María
Unos pocos escritores patrísticos expresaron sus dudas acerca de
la presencia de defectos morales menores en Nuestra Señora. (77)
S. Basilio, por ejemplo, sugiere que María sucumbió a la duda al
oír las palabras del santo Simeón y al presenciar la
crucifixión. (78) S. Juan Crisóstomo es de la opinión que María
habría sentido miedo y preocupación si el ángel no le hubiera
explicado el misterio de la Encarnación, y que demostró un poco
de vanagloria en las fiestas de las bodas de Caná y al visitar a
su Hijo durante su vida pública acompañada de los hermanos del
Señor. (79) S. Cirilo de Alejandría (80) habla de la duda de
María y su desesperanza al pie de la cruz. Mas no se puede
afirmar que estos escritores griegos expresen una tradición
apostólica, cuando lo que expresan son sus opiniones singulares
y privadas. Las Escrituras y la tradición están de acuerdo en
atribuir a María la más grande santidad personal; es concebida
sin la mancha del pecado original; muestra la mayor humildad y
paciencia en su vida diaria (Lucas 1:38, 48); demuestra una
paciencia heróica en las circunstancias más difíciles (Lucas
2:7,35,48; Juan 19:25-27). Cuando se contempla la cuestión del
pecado, María constituye siempre una excepción. (81) La total
exclusión de María del pecado es confirmada por el Concilio de
Trento (Sesión VI, Canon 23): "Si alguien dice que el hombre una
vez justificado puede durante su vida entera evitar todo pecado,
incluso venial, como la Iglesia mantiene que hizo la Virgen
María por un privilegio especial de Dios, sea reo de anatema".
Los teólogos afirman que María fue inmaculada, no por la
perfección esencial de su naturaleza, sino por un privilegio
divino especial. Mas aún, los Padres, al menos desde el siglo V,
mantienen casi unánimemente que la Bienaventurada Virgen nunca
experimentó los impulsos de la concupiscencia.
El milagro de Caná
Los evangelistas relacionan el nombre de María con tres sucesos
diferentes en la vida pública de Nuestro Señor: con el milagro
de Caná, con su predicación y con su pasión. El primero de estos
incidentes es narrado en Juan 2:1-10.
...hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de
Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda.
No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado. En
esto dijo la madre de Jesús a éste: No tienen vino. Díjole
Jesús: Mujer, ¿qué nos va a mi y a ti? No es aún llegada mi
hora.
Se supone naturalmente que uno de los contrayentes estaba
emparentado con María, y que Jesús había sido invitado a causa
del parentesco de su madre. La pareja debe haber sido bastante
pobre, ya que el vino estaba de hecho agotándose. María desea
salvar a sus amigos de la vergüenza de no poder agasajar
adecuadamente a sus invitados, y recurre a su divino Hijo. Ella
simplemente expone su necesidad, sin añadir ninguna petición. Al
dirigirse a las mujeres, Jesús emplea de modo uniforme la
palabra "mujer" (Mateo 15:28; Lucas 13:12; Juan 4:21; 8:10;
19:26; 20:15), una expresión utilizada por los escritores
clásicos como un tratamiento respetuoso y honorable. (82)
Los pasajes citados arriba muestran que en el lenguaje de Jesús
el tratamiento "mujer" tiene un significado sumamente
respetuoso. La frase "qué nos va a mi y a ti" se traduce al
griego ti emoi kai soi, que a su vez corresponde a la frase
hebrea mah li walakh. Esto último sucede en Jueces 11:12; II
Reyes 16:10; 19:23, III Reyes 17:18; IV Reyes 3:13; 9:18; II
Paralipómenos 35:21. El Nuevo testamento muestra expresiones
equivalentes en Mateo 8:29; Marcos 1:24; Lucas 4:34; 8:28; Mateo
27:19. El significado de la frase varía según el carácter del
que habla, abarcando desde una muy pronunciada oposición a una
conformidad cortés. Un significado tan variable le hace difícil
al traductor encontrar un equivalente igualmente variable. "Qué
tengo que ver contigo", "esto no es asunto mío ni tuyo", "por
qué me causas tantos problemas", "déjame asistir a esto", son
algunas de las traducciones sugeridas. En general, las palabras
parecen referirse a una mayor o menor oportunidad que intentan
eliminar. La última parte de la respuesta de Nuestro Señor
presenta menos dificultades para el intérprete: "No es aún
llegada mi hora" no puede referirse al preciso momento en que la
necesidad de vino requerirá la intervención milagrosa del Señor,
ya que en el lenguaje de S. Juan "mi hora" o "la hora" se
refiere al tiempo predestinado para algún suceso importante
(Juan 4:21,23; 5:25,28; 7:30; 8:29; 12:23; 13:1; 16:21; 17:1).
Por ello, el significado de la respuesta de Nuestro Señor es:
"¿Por qué me importunas pidiéndome tal intervención? El momento
señalado por Dios para tal intervención no ha llegado todavía";
o "¿por qué te preocupas? ¿no ha llegado el momento de
manifestar mi poder?" El primero de estos significados implica
que gracias a la intercesión de María, Jesús adelantó el momento
dispuesto para la manifestación de su poder milagroso (83); el
segundo significado se obtiene al tomar la segunda parte de las
palabras de Nuestro Señor como una pregunta, como hizo S.
Gregorio de Nyssa (84), y también como la versión árabe del "Diatessaron"
de Tatiano (Roma, 1888). (85) María comprendió las palabras de
su divino Hijo en su sentido correcto; ella avisó sencillamente
a los camareros, "Haced lo que El os diga" (Juan 2:5). No hay
posibilidad de explicar la respuesta de Jesús como una
denegación de la petición.
María durante la vida apostólica de Nuestro Señor
Durante la vida apostólica de Nuestro Señor, María logró pasar
casi completamente inadvertida. Al no ser llamada para ayudar
directamente a su Hijo en su ministerio, no quiso interferir en
su trabajo con una presencia inoportuna. En Nazaret era
considerada como una madre judía corriente; S. Mateo (3:55-56;
cf. Marcos 6:3) presenta a la gente del pueblo diciendo: "¿No es
éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no se llama María, y sus
hermanos Santiago y José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no están
todas entre nosotros?" Dado que la gente deseaba, por su
lenguaje, rebajar la consideración de Nuestro Señor, debemos
deducir que María pertenecía al orden social inferior de la
gente del pueblo. El pasaje paralelo de S. Marcos dice, "¿No es
éste el carpintero?", en lugar de "¿No es éste el hijo del
carpintero?" Puesto que ambos evangelistas omiten el nombre de
S. José, debemos suponer que ya había muerto antes de que este
episodio sucediera.
A primera vista, pudiera parecer que Jesús despreciaba la
dignidad de su Bienaventurada Madre. Cuando le dijeron: "Tu
madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte. El
respondiendo, dijo al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y
quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano sobre sus
discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque
quienquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los
cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre". (Mateo
12:47-50; cf. Marcos 3:31-35; Lucas 8:19-21). En otra ocasión
"levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre y dijo:
Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste. Pero El
dijo: Más bien, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la
guardan" (Lucas 11:27-28).
En realidad, en ambos pasajes Jesús sitúa el lazo que une el
alma con Dios por encima del lazo natural de parentesco que une
a la Madre de Dios con su divino Hijo. Esta última dignidad no
es menospreciada; es utilizada por Nuestro Señor como un medio
para hacer ver el valor real de la santidad, dado que obviamente
los hombres lo aprecian con más facilidad. Por tanto, en
realidad Jesús ensalza a su Madre del modo más enfático, dado
que ella superó al resto de los hombres en santidad no menos que
en dignidad. (86) Muy probablemente María se encontraba también
entre las santas mujeres que atendían a Jesús y a sus apóstoles
durante su ministerio en Galilea (cf. Lucas 8:2-3); el
evangelista no menciona ninguna otra aparición pública de María
durante los viajes de Jesús a través de Galilea o de Judea. Sin
embargo, debemos recordar que, cuando el sol aparece, aun las
más brillantes estrellas se tornan invisibles.
María durante la Pasión de Nuestro Señor
Dado que la Pasión de Jesucristo tuvo lugar durante la semana
pascual, se espera naturalmente encontrar a María en Jerusalén.
La profecía de Simeón se cumplió en su plenitud principalmente
durante los momentos de sufrimiento de Nuestro Señor. Según una
tradición, su Bienaventurada Madre se encontró con Jesús cuando
cargaba con la cruz camino del Gólgota. El Itinerarium del
Peregrino de Burdeos describe los lugares memorables que el
escritor visitó en el 333 d. de J.C., pero no menciona ninguna
localidad consagrada a este encuentro entre María y su divino
Hijo. (87) El mismo silencio domina en el llamado Peregrinatio
Silviae que solía localizarse en el 385 d. de J.C., pero que
últimamente ha sido emplazado en 533-540 d. de J.C. (88) Mas un
plano de Jerusalén que data del año 1308 muestra la iglesia de
S. Juan Bautista con la inscripción "Pasm. Vgis", Spasmus
Virginis, el desmayo de la Virgen. Durante el curso del siglo
XIV, los cristianos comenzaron a localizar los emplazamientos
consagrados a la Pasión de Cristo, y entre ellos se encontraba
el lugar en el que se dice que María se desmayó al ver a su Hijo
sufriendo. (89) Desde el siglo XV se encuentra siempre "Sancta
Maria de Spasmo" entre las estaciones del Camino de la Cruz,
erigidas en varias partes de Europa a imitación de la Vía
Dolorosa de Jerusalén. (90) El hecho de que Nuestra Señora
debería haberse desmayado a la vista de los sufrimientos de su
Hijo no está muy de acuerdo con su comportamiento heroico al pie
de la cruz; a pesar de ello, debemos considerar su calidad de
mujer y madre en su encuentro con su Hijo camino del Gólgota,
mientras que es la Madre de Dios al pie de la cruz.
La maternidad espiritual de María
Mientras Jesús colgaba en la cruz, "estaban junto a la cruz de
Jesús su Madre y la hermana de su madre, María la de Cleofás y
María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien
amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu
hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde
aquella hora el discípulo la recibió en su casa". (Juan
19:25-27). El oscurecimiento del sol y los otros fenómenos
naturales extraordinarios deben haber asustado a los enemigos
del Señor lo suficiente como para que no interfirieran con su
madre y con los pocos amigos que permanecían al pie de la cruz.
Entre tanto, Jesús había orado por sus enemigos y había
prometido el perdón al buen ladrón; al llegar ese momento, El
tuvo compasión de su desolada madre, y aseguró su porvenir. Si
S. José hubiera estado vivo, o si María hubiera sido la madre de
aquellos que son llamados hermanos o hermanas de Nuestro Señor
en los Evangelios, tal medida no hubiera sido necesaria. Jesús
utiliza el mismo título respetuoso con el que se había dirigido
a su madre en las fiestas de las bodas de Caná. Ahora El confía
a María a Juan como su madre, y desea que María considere a Juan
como su hijo.
Entre los escritores más tempranos, Orígenes es el único que
considera la maternidad de María sobre todos los creyentes en
este sentido. Según él, Cristo vive en todos los que le siguen
con perfección, y así como María es la Madre de Cristo, también
es la madre de aquel en el que Cristo vive. Por ello, según
Origenes, el hombre tiene un derecho indirecto a reclamar a
María como su madre, en la medida en que se identifique con
Jesús por la vida de la gracia. (91) En el siglo IX, Jorge de
Nicomedia (92) explica las palabras de Nuestro Señor en la cruz
de forma que Juan es confiado a María, y con Juan todos los
discípulos, convirtiéndola en madre y señora de todos los
compañeros de Juan. En el siglo XII Ruperto de Deutz explica las
palabras de Nuestro Señor estableciendo la maternidad espiritual
de María sobre los hombres, aunque S. Bernardo, el ilustre
contemporaneo de Ruperto, no cita este privilegio entre los
numerosos títulos de Nuestra Señora. (93) Posteriormente, la
explicación de Ruperto de las palabras de Nuestro Señor en la
cruz se volvió más y más común, tanto es así que en nuestros
días se la puede hallar prácticamente en todos los libros de
piedad. (94)
La doctrina de la maternidad espiritual de María está contenida
en el hecho de que ella es la antítesis de Eva: Eva es nuestra
madre natural ya que es el origen de nuestra vida natural; por
tanto, María es nuestra madre espiritual ya que es el origen de
nuestra vida espiritual. Una vez más, la maternidad espiritual
de María se basa en el hecho de que Jesús es nuestro hermano, ya
que es "el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8:29).
Ella se convirtió en nuestra madre desde el momento en que
accedió a la Encarnación del Verbo, la Cabeza del cuerpo místico
cuyos miembros somos nosotros; y ella selló su maternidad al
consentir al sacrificio sangriento en la cruz que es la fuente
de nuestra vida sobrenatural. María y las santas mujeres (Mateo
17:56; Marcos 15:40; Lucas 23:49; Juan 19:25) presenciaron la
muerte de Jesús en la cruz; probablemente, ella permaneció
durante el descendimiento de su Cuerpo sagrado y durante su
funeral.
El Sabath siguiente fue para ella tiempo de dolor y esperanza.
El decimoprimer canon de un concilio que tuvo lugar en Colonia,
en 1423, instituyó contra los husitas la festividad de los
Dolores de Nuestra Señora, emplazándola en el viernes siguiente
al tercer domingo después de Pascua. En 1725 Benedicto XIV
extendió la festividad a toda la Iglesia, y la emplazó el
viernes de la Semana de Pasión. "Y desde aquella hora el
discípulo la recibió en su casa" (Juan 19:27). Si vivieron en
Jerusalén o en otro lugar no puede ser determinado a partir de
los Evangelios.
María y la Resurrección de Nuestro Señor
La narración inspirada de los incidentes relacionados con la
Resurrección de Cristo no menciona a María; mas tampoco
pretenden ofrecer una narración completa de todo lo que Jesús
hizo o dijo. Los Padres también guardan silencio en cuanto a la
participación de María en las alegrías del triunfo de su Hijo
sobre la muerte. Sin embargo, S. Ambrosio (95) afirma
expresamente: "María por tanto vio la Resurrección del Señor;
ella fue la primera que la vio y creyó. María Magdalena también
la vio, aunque todavía dudó". Jorge de Nicomedia (96) deduce de
la participación de María en los sufrimientos de Nuestro Señor
que, antes que todos los demás y más que todos ellos, ella debe
haber participado en el triunfo de su Hijo. En el siglo XII, una
aparición del Salvador resucitado a su Bienaventurada Madre es
admitida por Ruperto de Deutz (97), y también por Eadmer (98),
S. Bernardino de Siena (99), S. Ignacio de Loyola (100), Suárez
(101), Maldon. (102) etc. (103). El hecho de que Cristo
resucitado se haya aparecido primero a su Bienaventurada Madre
coincide al menos con nuestras piadosas expectativas.
Aunque los Evangelios no nos lo dicen expresamente, podemos
suponer que María estaba presente cuando Jesús se apareció a
varios de sus discípulos en Galilea y en el momento de su
Ascensión (cf. Mateo 28:7, 10, 16; Marcos 16:7). Más aún, no es
improbable que Jesús visitara repetidamente a su Bienaventurada
Madre durante los cuarenta días después de su Resurrección.
MARÍA EN OTROS LIBROS DEL
NUEVO TESTAMENTO
Hechos 1:14-2:4
Según el Libro de los Hechos (1:14), después de la Ascensión de
Cristo a los cielos los apóstoles "subieron al piso alto" y
"todos éstos perseveraban unánimes en la oración con algunas
mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los hermanos de
éste". A pesar de su ensalzada dignidad, no era María, sino
Pedro quien actuaba como cabeza de la asamblea (1:15). María se
comportó en la habitación del piso alto de Jerusalén como se
había comportado en la gruta de Belén; en Belén había dado a luz
al Niño Jesús, en Jerusalén criaba a la Iglesia naciente. Los
amigos de Jesús permanecieron en la habitación superior hasta
"el día de Pentecostés", cuando "se produjo de repente un ruido
como el de un viento impetuoso...Aparecieron, como divididas,
lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos,
quedando todos llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2:1-4). Aunque
el Espíritu Santo había descendido sobre María de una forma
especial en el momento de la Encarnación, ahora le comunicó un
nuevo grado de gracia. Quizás, esta gracia pentecostal le dio a
María la fuerza para cumplir adecuadamente sus deberes para con
la Iglesia naciente y sus hijos espirituales.
Apocalipsis 12:1-6
En el Apocalipsis (12:1-6) se desarrolla un pasaje singularmente
aplicable a Nuestra Bienaventurada Madre:
Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el
sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una
corona de doce estrellas, y estando encinta, gritaba con los
dolores de parto y las ansias de parir. Apareció en el cielo
otra señal, y vi un gran dragón de color de fuego, que tenía
siete cabezas y diez cuernos, y sobre las cabezas siete coronas.
Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo y
los arrojó a la tierra. Se paró el dragón delante de la mujer
que estaba a punto de parir, para tragarse a su hijo en cuanto
le pariese. Parió un varón, que ha de apacentar a todas las
naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios
y a su trono. La mujer huyó al desierto, en donde tenía un lugar
preparado por Dios, para que allí la alimentasen durante mil
doscientos sesenta días.
La posibilidad de que este párrafo pueda aplicarse a María se
basa en las siguientes consideraciones:
Al menos parte de los versos se refieren a la madre cuyo hijo va
a gobernar las naciones con vara de hierro; según el Salmo 2:9,
éste es el Hijo de Dios, Jesucristo, cuya madre es María.
Fue el hijo de María quien "fue llevado ante Dios, y a su trono"
en el momento de su Ascensión a los cielos.
El dragón, o el demonio del paraíso terrenal (cf. Apocalipsis
12:9; 20:2), se esfuerza por devorar al Hijo de María desde el
primer momento de su nacimiento, despertando la envidia de
Herodes y, más tarde, la enemistad de los judíos.
Debido a sus indecibles privilegios, María puede ser descrita
perfectamente como "envuelta en el sol, con la luna debajo de
sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas".
Es cierto que los comentaristas entienden generalmente que el
pasaje completo se aplica literalmente a la Iglesia, y que parte
de los versos concuerdan mejor con la Iglesia que con María.
Pero debe tenerse en cuenta que María es a la vez una figura de
la Iglesia y su miembro más conspicuo. Lo que se dice de la
Iglesia, en cierto modo se puede decir también de María. Por
ello el pasaje del Apocalipsis (12:5-6) no se refiere a María
como una mera adaptación (108), sino que se aplica a ella en un
sentido verdaderamente literal que parece estar parcialmente
limitado a ella y parcialmente extendido a toda la Iglesia. La
relación de María con la Iglesia esta bien resumida en la
expresión "collum corporis mystici" aplicada a Nuestra Señora
por S. Bernardino de Siena. (109)
El Cardenal Newman (110) considera las dos dificultades
contrarias a la interpretación anterior de la visión de la mujer
y el niño: primero, se dice que está escasamente apoyada por los
Padres; segundo, es un anacronismo atribuir a la era apostólica
tal cuadro de la Madonna. En cuanto a la primera objeción, el
eminente escritor dice:
Los cristianos nunca fueron a las Escrituras en busca de pruebas
de sus doctrinas, hasta que se produjo esa necesidad real,
debido a la presión de las controversias; si en aquellos tiempos
la dignidad de la Bienaventurada Virgen era indudable por parte
de todos, como un asunto de doctrina, las Escrituras
continuarían siendo un libro cerrado para ellos en lo que
respecta a la argumentación del asunto.
Después de desarrollar en profundidad esta respuesta, el
cardenal continúa:
En cuanto a la segunda objeción que he considerado, lejos de
admitirla, me parece que está elaborada sobre un simple hecho
imaginario, y que la verdad del asunto se encuentra justo en el
lado opuesto. La Virgen y el Niño no es una simple idea moderna;
al contrario, ha sido representada una y otra vez, como sabe
cualquiera que haya visitado Roma, en las pinturas de las
catacumbas. María está ahí dibujada con el Niño divino en su
regazo, ella con las manos extendidas en oración, él con sus
manos en actitud de bendecir